Hace unos meses una asociación patronal me invitó a hablar ante sus socios sobre gestión de la Prevención.
Los asistentes, directivos de medianas empresas, eran muchos menos que los invitados. Lo contrario me hubiera sorprendido, al fin y al cabo para muchos la Prevención sigue siendo una carpeta llena de papeles que nos prepara una empresa externa para entretener al inspector de trabajo si se diera el improbable caso de una visita.
Empecé hablando de sus empresas, ¿qué tal son?, ¿la vuestra es una buena empresa?, ¿qué caracteriza a las mejores empresas?... y acabé con una muestra de las webs de las empresas que ocupan los puestos más destacados en los rankings de los mejores sitios donde trabajar. En todas ellas aparecía, destacada, las gran calidad profesional y humana de todo su equipo: grandes personas, los mejores profesionales, cualquier elogio parecía poco... Acabé con una pregunta retórica ¿qué decís vosotros de vuestros empleados?
Antes, por supuesto, había entrado en las webs de cada uno de los asistentes constatando que en la mayoría no había mención alguna a los trabajadores.
En diversas ocasiones, estudiando el bienestar de los trabajadores he incluído preguntas del estilo: "qué te gustaría que tu empresario hiciera por ti". Algunos empresarios han querido evitarlo: pedirán más sueldo o más vacaciones. Se equivocaban.
La mayoría de los trabajadores responden cosas del estilo: "Que me responda cuando le deseo buenos días".
En efecto, la mayoría de los trabajadores con los que me he cruzado pueden conformarse con un sueldo vergonzante pero se sienten profundamente heridos cuando se les ignora o no se les respeta.
Habéis oído alguna vez eso de "El mayor desprecio es no hacer aprecio". Pues ahí está la diferencia entre un trabajador feliz y uno insatisfecho y, con el tiempo, enfermo.
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