Crisis de confianza

La crisis de la COVID-19 ha generado escenarios completamente novedosos en cuanto a las garantías de calidad de los productos. El caso más exagerado es el de las mascarillas higiénicas.
En un primer momento, las propias autoridades difundieron instrucciones sobre cómo fabricar una mascarilla. Que si una camiseta vieja, que si una capa, dos o tres, que si un modelo de patrón... Auténticos despropósitos que suponían, de hecho, una sensación extendida de falsa seguridad. Tardaron meses en hablar de que las FFP2 con válvula no eran admisibles. A saber cuántos se habrán contagiado por culpa de una protección mal informada.

En junio de 2020 AENOR publica unas especificaciones (que no norma), las UNE 0064 y UNE 0065. A partir de ese momento los medios empezaron a hablar de las mascarillas homologadas. Que quede claro: NO EXISTEN MASCARILLAS HOMOLOGADAS, básicamente por que en el mercado único desaparecieron las homologaciones para la mayoría de productos.

Empezó entonces la picaresca de los certificados. Las medidas excepcionales permitieron que supuestos laboratorios sin acreditación oficial alguna ni requisito de calidad se pusiera a emitir certificados totalmente falsos: procedimientos de análisis tuneados al gusto, resultados "aproximados" y expresiones como "cumple con las especificaciones del fabricante". Al no ser EPIs, las mascarillas higiénicas eludían cualquier tipo de control y la ignorancia llevaba a muchos a dar por bueno cualquier pedazo de tela con dos gomas que adjuntara un papel con aspecto de certificado y algún sello.

La ausencia de controles permitió que se falsearan muchos documentos. En un momento de movilidad restringida aparecieron en el mercado, por arte de magia, productos MADE IN SPAIN, con el certificado CE de tipo de una entidad finlandesa donde decía que el producto estaba fabricado en China y, impreso sobre la mascarilla, el código CE de un laboratorio turco. Como profesional tuve que verificar numerosos documentos cuyo emisor negó la autenticidad. En este contexto, Ia agencia valenciana de salud laboral INVASSAT nos obsequió con una guía de falsificaciones.

El caso más divertido, el de una empresa que ofrecía mascarillas con nanocarbono como viricida (un efecto del que no conozco evidencia). Ante la alarma entre los profesionales por los posibles efectos perjudiciales del nanocarbono, las autoridades sanitarias prohibieron cautelarmente la comercialización mientras estudiaban el producto. Unas semanas más tarde se levantó la restricción... por que el producto no contenía nanocarbono. Esto es, el supuesto plus del producto era, simplemente, mentira.

La última con la que me he encontrado, una mascarilla acompañada de un certificado de análisis de un laboratorio español donde se afirma que los ensayos los ha hecho un laboratorio subcontratado, turco. Contactados unos y otros se excusan mutuamente para no aportar los resultados de los ensayos amparándose en el deber de confidencialidad. Una nueva cortina de humo para impedir que sepamos en qué y en quién confiar.

La desaparición del Instituto

Perdonadme la autocita, el burro, delante.

Hace algo más de 20 años, junto con un colega, iniciamos una campaña en redes sociales bombardeando masivamente el buzón del director del INSHT, pidiéndo que las NTPs, sólo disponibles en papel y compradas como series completas, estuvieran, en PDF, una a una, libremente disponibles en internet. El señor Fernández nos respondió aceptando la petición y pidiéndonos que, por favor, dejáramos de bombardear su cuenta de correo.

Desde entonces les he escrito casi cada año para sugerir mejoras en la web del Instituto por sus defectos de usabilidad, cambios de dominio a cada relevo ministerial, enlaces que se pierden, clasificación absurda y variable de los recursos... nunca ha sido un prodigio de espacio web, seguramente porque los responsables del Instituto nunca han creído en su valor y no han invertido los recursos necesarios para tener un portal de calidad. En ninguna otra organización he visto que sus profesionales necesiten del buscador de Google para encontrar documentos en su propia red pues navegando, no aparecen.

Ahora hemos dado un gran paso atrás. Hace dos semanas, un ciberataque dejó la web del INSST fuera de servicio y hoy, quien no está en internet, no existe. No es simple cuestión de imagen aunque la imagen no ha salido demasiado bien parada. En 2014, Prevenblog anunciaba la desaparición del INSHT; ahora, ni está ni (parece) se le espera. La desaparición de facto del Instituto nos deja huérfanos a los profesionales y nos dificulta la tarea de proteger a los trabajadores. Tener la web fuera de servicio tantos y tantos días da la medida de lo que le importa al gobierno el bienestar de los trabajadores.

Por favor, vuelvan ya y, si puede ser, mejorados.

Involúcrense, ya!

Hoy, 28 de abril, es el “safety day”, el dia mundial de la seguridad y salud en el trabajo que convoca la OIT. El lema de este año, como siempre, va dirigido a empresarios y a responsables y políticos: “Anticiparse a las crisis, prepararse y responder. Invertir hoy en sistemas resilientes de Seguridad y Salud”. Como novedad, este año tanto la agencia española de salud laboral (INSST) como la catalana (ICSSL) han incluído en sus páginas web discretos enlaces con la campaña mundial aunque la imagen y los lemas no son precisamente los mismos. Contraprograman el mensaje.

Así, para el ICSSL el lema es “La prevenció és un treball a temps complet. Involucrem-nos


El llamamiento a invertir más en prevención, se descafeína en un mensaje para todos. Incluído (especialmente) el trabajador.

La falta de prevención pivota así desde los gobiernos y empresarios que no invierten lo suficiente a los trabajadores que no tienen cuidado y, mientras, cientos de empresas incumplen sus deberes de protección integrando la prevención en la empresa y contratan la prevención con servicios ajenos por una fracción de su coste real. 

Contratar cuatro actividades preventivas sueltas como si fuera el paquete preventivo completo es un fraude y tolerarlo debería ser denunciado por las organizaciones patronales y sindicales y sancionado con el máximo rigor por la autoridad.

Pero, hoy por hoy, patronales y sindicatos se apuntan al mensaje de la autoridad: Involucrem-nos? Involúcrense, ya, ustedes!




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