La actual normativa legal nos obliga a aplicar protocolos médicos en la vigilancia de la salud específicos a los riesgos de cada trabajador evitando cualquier exploración o análisis que no esté relacionada con estos riesgos. Una cuestión clave será, pues, afinar en que definimos riesgos para la salud de un trabajador. Así la evaluación de riesgos desde el punto de vista de la seguridad tiene unas relaciones de causalidad centradas en las condiciones de trabajo más que en el trabajador, desde el punto de vista de la medicina del trabajo deberíamos averiguar qué características personales, sometidas a las condiciones de trabajo, le pueden hacer perder la salud y aquí las diferencias entre hombres y mujeres son clave para identificar qué nos hace vulnerables.
Tradicionalmente, en España, cuando se habla de riesgos específicos para las mujeres se habla de la gestación y la lactancia (véase sino los ejemplos citados en nuestro anterior post), la eventual entrada de tóxicos en el torrente sanguíneo del nonato o el sistema digestivo del lactante. Otros riesgos relacionados con la gestación como la exposición a ruido o los cambios biomecánicos para la remodelación de la columna casi no aparecen en la bibliografía española (si, por ejemplo, en la francesa).
Ahora bien, más allá de la gestación y lactancia existen características específicas de la salud de las mujeres que no se suelen tener en cuenta cuando se evalúa los riesgos y se definen los protocolos médicos específicos.
Probablemente deberíamos hacer evaluaciones de riesgos diferenciadas para hombres y mujeres y, en consecuencia aplicar una perspectiva de género a los protocolos de vigilancia de la salud. Veamos dos ejemplos:
- Trabajo a turnos y cáncer de mama. Hay numerosas evidencias que relacionan la alteración del ritmo día-noche con ciertas formas de cáncer mamario. Probablemente no estamos preparados (social, económica, técnicamente) para incluir mamografías en los reconocimientos médicos laborales pero no por ello debemos dejar de informar a las trabajadoras expuestas de la conveniencia de participar en los programas de cribado. Se ha descrito también una relación entre el trabajo a turnos y el cáncer de próstata aunque, por ahora, las evidencias son menos abundantes.
Véase también:
- Tiroiditis de Hashimoto. El hipotiroidismo subclínico y muy especialmente la forma autoinmune, afecta a un gran número de mujeres de mediana edad (algunos trabajos hablan de prevalencias ocultas del 30%) y puede estar en la base de mucho absentismo injustificado y mucha insatisfacción laboral. En 2013 la SEMST ya propuso realizar screenings de función tiroidea desde los servicios de medicina del trabajo aunque no parece que la propuesta haya despertado demasiado interés.
Estamos hablando de mujeres que se sienten cansadas, con anemia inespecífica, alopecia, que padecen cambios en la textura de la piel, estreñimiento, dolores musculares, sobrepeso, dismenorrea.... es una mujer para la que el trabajo se convierte en una pesada carga. Más aún cuando el reparto de tareas en casa le es tan desfavorable.
Es fácil que unos síntomas tan variados se identifiquen como una menopausia prematura, con depresión nerviosa, con una fibromialgia... Tal vez baste con una buena historia clínica y una orientación diagnóstica para que el sistema público de salud lo verifique. No se trata de una enfermedad del trabajo pero sí una enfermedad que padecen muchas trabajadoras y cualquier esfuerzo desde la medicina del trabajo redundará el en beneficio de las trabajadoras y de sus empresas.
Véase también:
Clinical Practice Guidelines for Hypothyroidism in adults (ver la tabla de síntomas en la pág. 15)
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